Para cuestionar y descubrir tu mundo

Desde principios del siglo XVIII algunos pensadores, en particular ingleses, aceptaron que la preocupación primaria en los intereses propios era tan evidente en la naturaleza humana que debía ser aceptada como una conducta dictada por la razón.
De no haber surgido en la naturaleza, el mero ejercicio de la razón hubiera debido descubrir el egoísmo como la vía más eficiente para alcanzar una vida común más provechosa a partir de satisfacer, primero, objetivos individuales.
La obviedad que se encuentra en el egoísmo racional como motor de la interacción económica explica que sea fundamento de la teoría económica, clásica y neoclásica, liberal o neoliberal. La observación del hecho económico conduce con generalidad a aceptar que la agregación de actitudes económicas individuales –siempre egoístas– ha ido resolviendo la vida material de los seres humanos con bastante eficiencia. Se podría afirmar que generalmente todos aquellos sistemas que trata de suplantar las decisiones individuales interesadas suelen perder eficacia y generar menos riqueza.
Estas observaciones, que cabe que sean falsadas con modelos antagónicos en el futuro, son, por el momento, la base teórica que muchos aceptan, con cierta vergüenza, y que también una gran parte de la sociedad considera moralmente antiestética. Pero no fue ese el caso de Ayn Rand, la indomable dama de la filosofía más radical que inspiró el neoliberalismo capitalista que hoy conocemos como objetivismo. Ayn Rand ha sido una pensadora desinhibida que, con una gran dosis de arrojo, nunca quiso ni necesitó poner sordina a sus teorías: “es conducta virtuosa aquella que cada individuo desarrolle en pos de la satisfacción de sus proyectos racionales, sin violentar los derechos racionales de los demás ni aceptar que se violenten los propios”, afirmó.
“El hombre, cada hombre, es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de otros. Debe existir por sí mismo y para sí mismo, sin sacrificarse por los demás ni sacrificando a otros. La búsqueda de su propio interés racional y su felicidad es el más alto propósito moral de su vida… La palabra que no puede morir sobre esta tierra porque es su corazón, su espíritu y su gloria, la palabra sagrada: YO”.
Consecuentemente, la ética subjetivista considera que el altruismo es un vicio, un defecto que condena a todos los hombres a satisfacer las necesidades de los demás, nunca las propias. Para el objetivismo, el altruismo coherente siempre termina en colectivismo, ya que para el altruista, el egoísta racional es un delincuente moral que merece ser castigado por la sociedad.
Ayn Rand definía al objetivismo como una filosofía “para vivir en la Tierra”.
“Mi filosofía es, en esencia, el concepto del hombre como un ser heroico, con su propia felicidad como propósito moral de su vida, con el logro productivo como su actividad más noble y con la razón como su único absoluto”.
EN BREVE
Algunos de sus paradigmas explican perfectamente la filosofía que, más allá de su etiqueta objetivista, sustentan el ideario y las actitudes socioeconómicas predominantes en la vida real de nuestro tiempo:
• La naturaleza para ser dominada debe ser obedecida.
• La realidad existe independientemente de la consciencia humana.
• La razón es el único medio de percepción de la realidad del hombre, su única guía para la acción y su medio básico de supervivencia.
• El sistema político económico ideal es el capitalismo: un sistema en el que los hombres tratan unos con otros no como amos y esclavos, sino como comerciantes, mediante intercambio libre y voluntario, en beneficio propio.
• El capitalismo, no obstante su productividad histórica, debe ser defendido por motivos morales, no meramente prácticos.
• El egoísmo racional es una virtud.
• Los egoístas nietzscheanos son egoístas irracionales: egoístas sin ego ya que los caprichos emocionales no son el ego.
• El ego es la razón.
• La humildad es un vicio: considerarse a uno mismo como carente de todo valor.
• Uno no debe sacrificarse nunca, bajo ninguna circunstancia.
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