Para cuestionar y descubrir tu mundo

El libro de la disidencia. Andrew Hsiao y Audrea Lim. Publicado por Akal
El capitalismo se ha convertido en un juego del que todos formamos parte activa –a veces sin querer y a fuerza de vivir. Numerosas vías de disensión han sido incluso absorbidas por el sistema o malversadas con el objetivo de hacer de ellas un elemento peligroso para el orden establecido. A pesar de ello, las voces discrepantes y las rebeliones contra la autoridad vigente siempre han existido bajo una u otra máscara. En ocasiones de manera monstruosamente silenciosa, como explicaba Unamuno en En torno al casticismo; en otras, en forma de declarada revolución.
Desde los tiempos del Egipto de los faraones, pasando por la Esparta del siglo II a.C., hasta llegar a las primeras revueltas que propiciaron la revolución rusa de 1917 y a los movimientos ciudadanos de los últimos meses, distintas iniciativas disidentes han intentado modificar la conciencia establecida, despertarnos de un sueño del que todos somos presa y del que sólo conseguimos zafarnos cuando un Sócrates (que no dudaba en autodenominarse “tábano”) viene a agitar las tranquilas aguas en las que nadamos. Quizás aquel “orden establecido”, como el propio Unamuno confesaba en una carta de 1924 desde su destierro en Fuerteventura, al que fue confinado por el Directorio de Primo de Rivera, no sea más que el “desorden de la tiranía”, la “anarquía del poder”.
Cuando Tucídides narra el conflicto entre Atenas y Esparta (que duró más de veintisiete años), pone en boca de Melios la siguiente afirmación, que bien podría servir como telón de fondo de la obra que presentamos: «Someternos es rendirnos a la desesperanza, mientras que si actuamos queda todavía para nosotros la esperanza de ser capaces de mantenernos en pie…».
Qué cuenta
El libro de la disidencia, recientemente publicado por Akal –que no podremos dejar de releer una y otra vez por la gran variedad e interés de los testimonios históricos que en él quedan recogidos, siempre accesibles desde un completo índice onomástico–, se inicia con “El cuento del campesino elocuente”, en el que se relatan brevemente los sucesos acaecidos a un hombre egipcio (ca. 1800 a.C.) que, tras ser engañado para que su burro comiera del grano de un noble (con el consiguiente castigo físico), no dudó en acudir al faraón para presentarle una denuncia formal; tras aquel encuentro, en el que el afectado puso toda su elocuencia al servicio de la verdad, el monarca ordenó al pérfido noble que entregara a aquél todas sus propiedades y que también le fuera devuelto su burro.
En el alegato del campesino leemos: «El Sin Voz, que recurre a vos para comunicaros sus cuitas, no tiene miedo a presentároslas […]. ¿Acaso está inclinada la balanza de la justicia?». En esta última cita quedan bien resumidas dos de la notas características de la disidencia, presentes a lo largo de todo el libro: la dificultad para hacerse notar (el “Sin Voz” es desplazado a un ámbito social donde el grito disidente ha de ser proferido desde el silencio) y la voluntad, sin embargo, de hacerse escuchar a pesar de todo.
Por qué hay que leerlo
Por mucho que sea «más peligroso cerrarle la boca a la gente que represar un río» (Liu Xiaobo), ¿ha terminado por extinguir el sistema toda forma posible de disidencia efectiva? En este ineludible libro encontraremos material suficiente para reformular las reglas de este juego al que todos jugamos llamado capitalismo, de manos de Platón, Salustio, Tácito, John Milton, Thomas Jefferson, Sade, Simón Bolívar, Lord Byron, Naomi Klein y un larguísimo etcétera… o al menos, para reconfigurar nuestra perspectiva y dejar de ser peones para comenzar a convertirnos en caballos, torres y alfiles. Carlos J. González
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