Para cuestionar y descubrir tu mundo

“Si se colgaran mis cuadros en un museo el tiempo suficiente se volverían auténticos”.
Elmyr de Hory
Así empezó todo
Elmyr era un pintor que no conseguía despegar. Había conocido el París de las vanguardias y a todos los protagonistas, pero él seguía siendo un desconocido y estaba arruinado.
Una tarde de 1946, una amiga se fijó en un dibujo que colgaba en su estudio: “Elmyr, eso es un Picasso, ¿no?”. “¿Cómo lo sabes?” , dijo él. La mujer respondió : “Entiendo algo de Picasso... ¿Te gustaría venderlo?”. “¿Por qué no?”, acabó respondiendo Elmyr.
Hay momentos que deciden la vida. En ese instante, con esa frase se decidió el destino de quien se convertiría en el más conocido falsificador de obras de arte de la histora.
El buen impostor
Elmyr no copiaba todo aquello que pensaba que podía ser lucrativo; copiaba lo que él sentía que sabía o podía hacer. “Estaba seguro de mi talento con los picassos, pero no tenía experiencia con Renoir y Matisse”. Al final, ambos pintores ingresaron en su nómina de pintores de referencia, que también incluía a Vlaminck, Derain, Degas, Cézanne, Van Dongen... Su arte dio un salto cualitativo el día que consiguió que este certificara como auténtica una de las obras falsificadas.
Su sociedad de explotación incluía dos socios con los que mantenía vínculos sentimentales. Al final, celos y envidias dieron al traste con la hermosa burbuja.
La mentira es bella
El personaje atrajo la atención y simpatía de Orson Wells, que le dedicó su F for Fake. Ambos mantenían opiniones similares sobre “las mentiras del arte y lo que nos gusta creerlas”, sostenía el cineasta. Siempre defendió a su amigo: “Los tramposos siempre hemos existido, la novedad son los expertos”. También Clifford Irving –el escritor que sería condenado a pena de cárcel por escribir una autobiografía ficticia de Howard Hughes– le dedico la obra ¡Fraude! Sus numerosos amigos siempre hablaron de su amabilidad, generosidad y cortesía. Vivió gran parte de su vida en Ibiza. Gracias a la cantidad de nombres falsos que había utilizado pudo esquivar una orden de extradición: no se podía verificar que el hombre sentado en el banquillo fuera el reclamado. De todas formas, pasó por la cárcel. Y de todas formas mandó que le hicieran traer su cama y en una semana convirtió a otro preso en su ayudante personal... Ahora existen falsificaciones de los cuadros que firmó con su nombre. ¿No era eso el éxito? ❖ Pilar Gómez
(*La exposición Elmyr de Hory. Proyecto Fake se puede ver en el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta el 12 de mayo de 2013.)
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