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Ernest Sosa: “Lo que distingue al ser humano como especie es guiarse por la razón"

¿De qué se habla con un epistemólogo, con alguien especializado en el conocimiento en su vastedad y sus matices? Filosofía Hoy no desaprovecha una oportunidad de aprender. Entrevistamos a Ernest Sosa, uno de los más importantes epistemólogos de la actualidad y comprendimos que se puede hablar de todo; desde la infabilidad o no del conocimiento y su universalidad hasta de las próximas elecciones.


(Retrato: Manuel Castells)

Ernest Sosa (Cárdenas, Cuba, 1940) es, probablemente, el epistemólogo vivo más importante. Doctor en Filosofía por la Universidad de Pittsburgh, en 1964 se incorporó a la Universidad de Brown, donde ejerció la docencia y la investigación hasta 2007. Y en la actualidad es profesor titular en la Universidad Rutgers (Estados Unidos), una de las más destacadas del mundo en filosofía (la cuarta según el prestigioso QS World University Ranking). En paralelo, en revistas, foros y asociaciones profesionales desarrolla un sinfín de actividades relacionadas con la filosofía y la extensión del conocimiento. Charlamos con él en su reciente visita a España, donde llegó invitado por la Universidad de Navarra para dar una conferencia en el Instituto Cultura y Sociedad, su centro de investigación en Humanidades y Ciencias Sociales.

¿Cómo son las relaciones entre conocimiento y filosofía: el primero conduce a la filosofía o es esta el elemento necesario para un auténtico conocimiento?

Ambas cosas. El conocimiento constituye un foco de atención filosófica: ha sido objeto de estudio desde la Antigüedad.
A su vez, se llega al conocimiento a través de esa reflexión; esta conduce a conocer ciertas cosas que se desconocían antes de estudiarse. El conocimiento supone una parte fundamental en una vida humana, sobre todo en una vida humana exitosa.

Parece que últimamente el mensaje ‘tu cerebro te engaña’ se ha puesto de moda. ¿Podemos tener confianza en nuestra capacidad de conocer?

Me parece que se exagera. El hecho de que un factor ejerza cierta influencia a la hora de conocer no significa que sea determinante para nuestra conducta. Habría que realizar una investigación con dos fases: una vez que se ha detectado que existen esos factores, queda por desarrollar hasta qué punto ejercen esta influencia nociva. El proceso debe continuar hasta que se entienda mejor la profundidad de dicha influencia.

¿Existe un modo de conocer que se pueda considerar infalible?
Pienso que sí. El cogito de Descartes es un ejemplo muy simple de conocimiento infalible: si uno piensa que piensa (pienso, luego pienso), es infalible, ya que al pensar que piensa está pensando. Si uno piensa que existe (pienso, luego existo), para poder pensar tiene que existir. El fallo es imposible en las matemáticas y en algunos casos de creencias muy simples de la lógica, la geometría, la aritmética… Sin embargo, en el conocimiento empírico hay muchos factores que pueden llevar al error. Ahí el conocimiento es importante y necesario, pero falible.

Entonces, ¿sigue vigente el ‘pienso, luego existo’?

Se trata de un conocimiento infalible muy simple, lo que nos permite entender por qué es infalible.

¿Cómo reformularía, adaptándola a la actualidad, la concepción cartesiana del conocimiento y el sujeto?

La epistemología de Descartes es realmente un caso especial y derivado de la ética de Aristóteles. Este propone una ética de virtudes: nos dice que la vida humana exitosa es una vida de acción que tiene éxito guiada por la razón y por la competencia, la virtud humana. Descartes aplica esa misma idea al conocimiento: propugna que este es una acción que se dirige a obtener la verdad sobre cierta cuestión. Cuando da en el clavo de la verdad, esa acción es exitosa. Aunque se puede dar en el clavo de la verdad accidentalmente, esto no supone una acción exitosa cognoscitiva: el conocimiento verdadero constituye la acción de creencia, de juicio, que da en la verdad por competencia del agente epistémico. Es un caso especial de éxito en la vida humana restringido al caso de conocimiento, de acción epistémica que tiene éxito gracias a la competencia que lleva al agente a formar ese juicio sobre una cuestión.

¿Sigue estando vigente la contraposición doxa/episteme? ¿Qué es en la actualidad doxa/ y qué episteme?

En numerosos sectores de la vida humana donde no hay infalibilidad –donde lo que se cree está sujeto a error– hay que formar creencias sobre muchos aspectos del mundo circundante, sobre cómo nos relacionamos los seres humanos unos con otros. Necesitamos estas creencias como la mejor guía posible, pero no como una guía infalible, porque la posibilidad del error resulta inevitable. Se trata, en definitiva, de proceder de la mejor forma.

¿En qué se diferencian entonces las creencias del conocimiento?

El conocimiento no es únicamente una mera creencia: es creencia con buena base. La calidad del conocimiento depende de la calidad de la base.

En el Teeteto se encuentra la frase de Platón: “La ciencia es un juicio o una creencia verdadera acompañada
de justificación”. ¿Está de acuerdo?

Como mínimo es eso, pero no basta, porque hay creencias sumamente justificadas y verdaderas que, sin embargo, no llegan a ser conocimiento. Existen muchos ejemplos en la filosofía reciente que se centran en esto, como el fenómeno Gettier, por ejemplo (ver recuadro más arriba).

De acuerdo con lo anterior, ¿quiere reformular la definición de ciencia?
La ciencia es un tipo específico de conocimiento, formalizado y organizado. Es diversa, muy compleja y presenta diversos aspectos: la investigación, los resultados de esta, la aplicación de dichos resultados (por ejemplo, en la tecnología), etc. No obstante, no todo el conocimiento es científico; buena parte se genera en otros campos como la política, la vida cotidiana, la vida personal...

¿Qué relación guarda esto con el conocimiento reflexivo?

El conocimiento reflexivo nos permite elevarnos sobre nuestra naturaleza animal y tomar perspectiva sobre nuestro ser y nuestra forma de vivir y relacionarnos, y hacer algo tan sofisticado como la ciencia contemporánea. Por medio de esa perspectiva podemos apoyar mejor el conocimiento que desarrollamos a través de la investigación científica.

¿Y de qué modo conocemos las cosas que, en principio, están más allá de todo conocimiento como Dios, la libertad, el mal, etc.?
Es un tipo de conocimiento que no es científico porque no se basa en datos empíricos, es un conocimiento más reflexivo, más a priori. La filosofía se ha interesado por él a lo largo de toda su historia porque, aunque no es científico, resulta muy importante.

¿Existe un conocimiento universalmente válido, o depende de culturas y zonas geográficas?
Hay mucho conocimiento universal. La ciencia aspira a eso y a menudo lo alcanza. También hay conocimiento que depende de los factores específicos de una cultura en concreto –como es la ley–, y para acceder a él se requiere empaparse de esa cultura.

¿Quiere decir que no todo es relativo?
Hay ciertas normas universales. Se ha estudiado y determinado que en algunos aspectos básicos se da una gran concordancia entre culturas. No obstante, puede haber diferencias en la forma de proceder. Lo que puede ser correcto en una cultura –como conducir por la derecha o por la izquierda– puede resultar incorrecto en otra, que ha llegado a otro acuerdo. Hay que distinguir el nivel de profundidad. Uno puede aceptar mucho relativismo en lo superficial –por ejemplo, en las leyes de circulación– al mismo tiempo que acepta que existe un nivel muy profundo, donde no cabe el relativismo.

¿El conocimiento nos da la pauta para no cometer errores en el futuro?

Resulta difícil poner en práctica el conocimiento adquirido, pasar de lo que se sabe a lo que se debe hacer... y cualquier fumador es consciente de esto [bromea]. Combinando ambas cosas se puede progresar.

¿Se trata de conectar conocimiento y voluntad?
El ser puramente racional puede hacer inmediatamente lo que debe hacer y lo que sabe que debe hacer porque ha adquirido el conocimiento pertinente. Sin embargo, nadie es perfectamente racional, porque entran en juego los factores del prejuicio, la pasión, las inclinaciones, los apetitos…

¿Todos estos aspectos nos entorpecen como especie?

Yo diría que nos hacen más humanos en el sentido de que el humano es falible, pero también racional. Lo que distingue al ser humano como especie es que puede guiarse por la razón y progresar gracias a ella, superando esos factores que le retardan.

¿Esto también es aplicable al conocimiento histórico?

Todo lo que conocemos nos permite mejorar en el futuro, si bien hay que entender los errores que se han cometido para superarlos. Como bien decía el filósofo y ensayista Jorge Ruiz de Santayana, quienes no conocen la historia están condenados a repetirla.

¿Qué papel desempeña internet en este aprendizaje?

Cuando adquirimos un conocimiento, lo preservamos en la memoria hasta que lo necesitamos. Ahora la memoria se ha expandido enormemente –está en la nube– y todo el mundo tiene acceso inmediato. Es un avance impresionante. A su vez, me percato cada vez más de que la memoria requiere confianza en la habilidad propia de la preservación del conocimiento que se ha adquirido.

Por último, una cuestión de plena actualidad; en las elecciones municipales y autonómicas que se celebran este mes en Madrid hay entre los candidatos un poeta y un catedrático de Metafísica. Si Platón levantara la cabeza, ¿a quién votaría?

Está claro que Platón preferiría al filósofo. Quizá esta opción reflejaba los prejuicios de su formación, de su cultura… En cualquier caso, tenía sus razones para pensar que la afección y los poetas nos pueden guiar por mal camino. Al mismo tiempo, personalmente creo que no dio el peso suficiente al hecho de que los poetas también nos pueden conducir por buen camino, ya que formulan pensamientos, sentimientos y creencias de una forma que nos impresiona y nos atrae. Esa habilidad motiva a las personas, algo muy relevante. ■ Texto: Isabel Solana y Pilar Gómez
Fotografías: Manuel Castells


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