GLOBUS
Ir al contenido central de la web | Ir al menú de la web

Logotipo de la revista EDGE

Revistas Relacionadas

MARZO

Cuestionar, descubrir, vivir tu mundo

Filosofia Hoy
Newsletters ¡Suscríbete!

Encuesta

Esta semana te pedimos tú opinión acerca de:

El miedo ¿es estrictamente un asunto personal o tiene repercusiones sociales?





Luis VIves: el hombre del Renacimiento

Fue sobresaliente en teología, filosofía, psicología y política. Hablaba seis idiomas. Era tolerante pero crítico con la autoridad, moderadamente utilitarista, conocedor de las fuentes clásicas, atento a las enseñanzas empíricas, amante del trabajo y estudioso profundo del ser humano. Si uno busca un retrato que defina el humanismo, este bien podría ser el de Juan Luis Vives, perfecto ejemplo de hombre del Renacimiento.



En el siglo XIV surgió un grupo de pensadores, escritores e intelectuales que dieron un nuevo enfoque a la vida del siglo XV y XVI en Europa. Miraban con ojos curiosos a la antigüedad clásica, a obras que habían sido olvidadas desde hacía siglos, pensando que, quizá, ahí existían valores que podían y debían ser aplicados para el bienestar y el desarrollo de la humanidad. Su pensamiento reformista pronto caló hondo y se expandió fuera de sus fronteras, alcanzando en mayor o menor medida a buena parte del continente y potenciando el desarrollo cultural del mismo, que se trasladaría poco a poco a otros. Entre los nombres más famosos de dicho movimiento podemos encontrar a Dante Alighieri, Francesco Petrarca, Giovanni Boccaccio, Lorenzo Valla, Antonio de Nebrija, Erasmo de Rotterdam, Tomás Moro, Michel de Montaigne y el hombre que aquí nos ocupa, Juan Luis Vives.

Judío converso

Corría el año 1492, año del descubrimiento de América, cuando llegó al mundo en Valencia Ioannes Ludovicus Vives, Juan Luis Vives, dentro de una importante familia de comerciantes judíos. Los Vives, religiosos y de posición acomodada, sufrieron al igual que muchos otros judíos la persecución religiosa contra su fe, por lo que se convirtieron al cristianismo con el fin de proteger a sus familiares y sus propiedades. Sin embargo, y al igual que muchos otros conversos, siguieron practicando su religión en secreto, concretamente en la sinagoga que la propia familia tenía en su casa y que estaba a cargo del rabino Miguel Vives, primo hermano de nuestro protagonista. Este hecho puede parecer meramente contextual, pero será decisivo en la vida del pensador.
Por aquellos años, la Inquisición perseguía con saña a los judíos del país, vigilando de cerca también a los conversos, para asegurarse de que estos habían abandonado el judaísmo y abrazado la verdadera fe. Y fue así como la institución del Santo Oficio descubrió a Miguel Vives y su madre (tía de Juan Luis) en plena liturgia secreta. Ese momento significó el punto de inflexión: desde entonces los Vives serían investigados con verdadero celo por la institución religiosa, marcando a fuego la vida de nuestro protagonista.
En 1507, cuando contaba 15 años, Juan Luis Vives entró a estudiar en la recién fundada (3 años) Universidad de Valencia, donde estudiaría hasta 1509. Por aquellos años, su padre, que era viudo desde que su mujer murió en 1508, temía profundamente el futuro que la persecución religiosa podría otorgar a su hijo, por lo que tomó una decisión fundamental: lo mandó a que siguiera formándose en París, a la famosa Universidad de la Sorbona. Allí, junto a muchos otros jóvenes de la corona de Aragón, amplió el joven sus conocimientos bajo la tutela de un buen número de profesores españoles.

Próximo destino: Brujas


En 1512, Vives alcanzó el grado de Doctor por la Sorbona, lo que en modo alguno significaba el fin de sus estudios, práctica que mantendría toda su vida. Tomó las maletas y marchó hacia Brujas, Bélgica, donde existía una pequeña comunidad de judíos valencianos entre los que encontraría a su futura esposa y compañera: Margarita Valldaura.
Unos pocos años después se le ofreció el retorno a la patria con un puesto de profesor en la Universidad de Alcalá, pero Vives rechazó el ofrecimiento. En primer lugar, porque todavía persistía en su interior el miedo a terminar en la hoguera por su condición de converso, y en segundo, porque las estrecheces económicas que le acuciaban y el clima político de Europa hacían imposible el traslado. Vives tenía que pensar algo y rápido, por lo que tomó la decisión de marchar a Inglaterra. Allí, la vida le sonreiría por fin tras años de esfuerzo.
En 1523 será nombrado Lector del Corpus Christi por el cardenal Wosley, mano derecha, hombre de confianza y encargado de cumplir los deseos del Rey Enrique VIII, quien necesitaba un maestro de latín y griego para la Universidad de Oxford. Con este gesto, Vives consigue entrar en la corte de Inglaterra, el mejor lugar en el que podía desarrollar su labor cultural y pedagógica.
Pero si los años de persecución, traslados y esfuerzo habían sido una constante para Vives, el destino le tenía reservada la más dura prueba que podía encontrarse: en 1526 la Santa Inquisición condenaba a morir en la hoguera a su padre y ejecutaba la sentencia. La misma no solamente lo afectó a él, sino también a su esposa, ya fallecida. Sus restos fueron profanados y quemados a su vez en 1529.
Estos sucesos fueron un durísimo golpe para Juan Luis, que se sumió en la más honda depresión. Solo tenía una herramienta con la que luchar contra ese destino cruel: su intelecto. Supo usarlo.
La vida en la corte había supuesto una mejora notable en la calidad de vida de Vives y su familia. Más aun, supuso la oportunidad perfecta para desarrollar sus conocimientos y su capacidad de trabajo, a la vez que le ponía en contacto con figuras de gran renombre intelectual. Entre esos personajes estaba Tomás Moro (Thomas More), con quien forjaría una gran amistad. Y también con la primera esposa del Enrique VIII, Catalina de Aragón, reina de Inglaterra. La reina recompensará al pensador español por su consejo y su trato, haciendo que, además de la pensión que recibía como miembro de la corte, se le otorgue la licencia para comerciar, con lo que Vives empieza a importar vino y lana a Inglaterra al tiempo que exporta trigo al continente. Sus finanzas aumentan considerablemente.

Huir de nuevo

Pero si algo ha aprendido nuestro protagonista a lo largo de su vida es que lo bueno puede durar poco.
Tras años de matrimonio con Catalina de Aragón y la muerte de tres herederos varones, Enrique VIII tomó la decisión de divorciarse, para así contraer matrimonio con su amante Ana Bolena (de la que estaba profundamente enamorado pero a la que terminó condenando a muerte por adulterio) para engendrar un varón que siguiera su linaje. Esa situación era terriblemente peliaguda a nivel internacional, pues tenía la oposición frontal del papa de Roma y con él a toda la legión de católicos de Europa.
Vives, unido por su amistad con Catalina y su hija (María Tudor, de la que era tutor por petición de la reina) trata de interceder por ella y salvar la situación, por lo que escribe regularmente al papa Clemente VII y al ya emperador Carlos I (de España. V de Alemania). La fortuna vuelve a jugar en contra de Vives, pues las misivas son interceptadas por su antiguo valedor, el cardenal Wosley. La situación empieza a ponerse peligrosa a todas luces, así que Vives, en un intento desesperado –pues ve que la decisión de Enrique VIII de divorciarse es firme– intenta convencer a la reina Catalina de que acepte el divorcio. Con esto el pensador se gana el odio de todos y pone, de nuevo, tierra de por medio. En 1528 abandona Inglaterra para volver a Brujas.
Lamentablemente, aunque ese fue el fin de la historia para Vives, no fue el fin de la situación. Ana Bolena quedó embarazada y el rey tomó una decisión fulminante: su matrimonio con Catalina fue anulado unilateralmente y en 1533 Inglaterra se separó oficialmente de la iglesia católica. Era ahora anglicana, Enrique VIII era el nuevo jefe de la iglesia y el derecho de apelación de Roma fue abolido. Pero alguien alzó la voz y ese alguien era Tomás Moro que, además de diplomático, intérprete, escriba y confidente del Rey, era un ferviente católico que consideró intolerable lo que estaba ocurriendo. Y así lo expresó. Sería su ruina.
En 1535, Vives conoce la noticia que vuelve a llenarle de angustia: su amigo Tomás Moro era juzgado por alta traición y ejecutado.

Bajo Carlos I


Desde Brujas, Vives pasa largas temporadas en Lovaina, que le ofrece la faceta cultural que tanto le entusiasma. Su pensamiento se afianza con fuerza, ganándose el reconocimiento, la amistad y el cariño de maestros y estudiantes, destacando la unión con otro gran humanista de la época, Erasmo de Rotterdam. Ambos eran dos figuras independientes pero paralelas. Coincidían en multitud de aspectos y tenían una visión común del papel de la educación y el futuro que esta debía tener. Su relación terminaría siendo de intensa amistad.
Lovaina le ofreció a Vives un punto de vista profundamente académico, pero la verdadera ciudad del pensador español era y fue siempre Brujas. Vives vuelve a tratar de ganarse un puesto en alguna corte en la que aplicar sus conocimientos, por lo que solicita, y consigue, una pensión de 150 ducados anuales del emperador Carlos I gracias a su tratado De concordia y discordia in humano genere. También trata de ganarse el favor de la Santa Inquisición con su obra De pacificatione, pero sus esfuerzos no cuajan. Nunca conseguirá quitarse la espina que su apellido significaba en España.
La tarea de Vives a nivel cultural no frena con la edad. Con su posición más o menos asentada, da rienda suelta a su actividad, que terminaría convirtiéndole en un moralista y pedagogo de talla universal. En Brujas pone en práctica su Tratado de socorro a los pobres (escrito en 1525), en el que analiza el papel que ha de jugar el Estado en la ayuda a los más desfavorecidos, consiguiendo que este se adopte en la ciudad. Vives se convierte así en el primer pensador europeo en tratar el tema de la asistencia social pública, mucho antes de que se convierta en una norma casi obligada.
Emprende también la reforma de la educación. Propone la recuperación del pensamiento griego clásico en su lengua original y adapta sus libros de estudio del latín, sustituyendo el arcaico vocabulario medieval por otro más acorde a los tiempos. El éxito fue notable, pues en las siguientes décadas sus obras consiguen decenas de ediciones. También se enfrascó en la reforma de la Universidad de la Sorbona, especialmente en materia filosófica, haciendo que mejoraran considerablemente sus resultados. Y el tiempo que le sobraba se dedicó a ser tutor y profesor de miembros de la nobleza que ocuparán cargos de responsabilidad en la corte de Carlos I, como Mencia de Mendoza, Marquesa del Cenete y esposa de Enrique III, Conde de Nassau y señor de Breda.
Vives se gana a pulso el ser reconocido y respetado en toda la Europa del Renacimiento, gozando sus escritos de la atención del mundo de la época.
Lamentablemente todas las vidas tienen un declive y un fin, y el de Juan Luis Vives comienza en 1529. Todavía le quedarán un par de lustros por delante, pero la salud empieza a fallarle: sufre dolores de cabeza crónicos que ya nunca le abandonarán, los problemas estomacales degenerarán en una úlcera y el poco de salud que le queda se lo arrebata la artritis, cuyos fortísimos dolores frenarán cada vez más su actividad. Así, poco a poco, le llega la muerte a Juan Luis Vives, quien morirá el 6 de mayo de 1540 en su ciudad de adopción, Brujas. Sería enterrado en la iglesia de San Donaciano, la que fue la mayor catedral de la ciudad. ■ Jaime Fdez-Blanco Inclán


Datos de contacto de GLOBUS Grupo Bunnier:

OTRAS PUBLICACIONES GLOBUS:

Dirección de contacto de GLOBUS COMUNICACION,

©GLOBUS COMUNICACION, S.A.

 

C/ Príncipe de Vergara Nº109.

 • 

28002 Madrid.

 • 

Tel.:91 447 12 02

 • 

Fax:91 447 10 43.

Opciones generales de GLOBUS:

Política de privacidadAviso legalMapa web