Encuesta

Ayn Rand, nacida como Alisa Zinovieva Rosenbaum (San Petersburgo, 1905–Nueva York, 1982) es una figura tradicionalmente olvidada en la historia de la filosofía y rescatada en los últimos años. Desde su niñez tuvo claro cuál fue el pilar de su vida y sufrió pronto las consecuencias del mismo: “Llámenlo destino o ironía, pero yo nací, entre todos los países de la Tierra, en el menos conveniente para una fanática del individualismo: Rusia”. Este amor por el “egoísmo racional”, germen y columna vertebral de su pensamiento, fue el que le impulsó a huir de su odiada Unión Soviética para llegar a Estados Unidos. Su tierra prometida. Un país fundado bajo los principios del individualismo y la libertad en el que alcanzar su sueño: ser escritora. Algo que alcanzó después de aprender el idioma y pasar por multitud de empleos para sobrevivir. Más allá de su obra filosófica, sus trabajos más conocidos son las novelas El manantial (1943) y La rebelión de Atlas (1957), en las que dejó patente de modo práctico las bases de la corriente filosófica que ella misma fundó: el Objetivismo.
Tomando como referencia la lógica y el sistema de conocimiento humano de Aristóteles, Rand creo el primer pensamiento filosófico original del siglo XX. El Objetivismo se muestra como una filosofía en armonía con la naturaleza racional del hombre, y lo hace desde tres postulados básicos: el egoísmo (el hombre tiene derecho a vivir por y para sí mismo, sin sacrificar su vida por los demás y sin obligar a otros a sacrificarse por él); el capitalismo del laissez-faire (“dejar hacer”, libre mercado, único sistema que permite al ser humano vivir conforme a su naturaleza, es decir, haciendo uso de su razón); y la capacidad racional del hombre, que le permite tener un conocimiento cierto, real y objetivo del mundo (rechazando, de este modo, el misticismo).
Con estas herramientas expuso sus ideas y atacó duramente al comunismo, el fascismo, la religión, el socialismo y, en general, cualquier sistema que situara al colectivo por encima del individuo y sus valores. Principios estos que le granjearon el odio de todos los frentes, a la vez que le otorgaron el respeto y la fe incondicional de millones de personas en todo el mundo.
Baste un dato: desde el inicio de la crisis económica, las obras de Ayn Rand se han revalorizado, siendo reeditadas y compradas por miles de personas como si se hubieran publicado ayer. Resulta asombroso cómo su mensaje se ha magnificado con el paso de los años. Y es que, tenga razón o sea simple coincidencia, lo cierto es que Rand avisó de lo que se nos venía encima.
Su obra maestra
La autora proclamó a los cuatro vientos el futuro colapso del sistema, pero no lo hizo a través de obras de divulgación, filosóficas o científicas (al menos no de entrada), sino a través de novelas. Concretamente una: La rebelión de Atlas. Su obra maestra. Según una encuesta realizada en 1991 con la colaboración de la Biblioteca del Congreso de EE. UU., el libro que más impacto ha tenido en la vida de sus ciudadanos es la Biblia. El segundo es el que nos ocupa.Esta novela narra las desventuras de una joven, Dagny Taggart, quien trata de mantener a flote la empresa de su familia, mientras a su alrededor todos aquellos hombres y mujeres que comparten sus ideas y postulados van desapareciendo sin motivo aparente. Unas desapariciones que guardan una relación directamente proporcional con la crisis del sistema, que avanza rápidamente hacia el colapso total.
Un resumen sencillo de una obra monumental, en la que se dan cita, de un modo perfectamente integrado en su trama, todos los principios de la filosofía objetivista: la libertad, los valores genuinos del hombre, el respeto por la mente y la capacidad, el egoísmo racional, el capitalismo, etc. Sin olvidar, por supuesto, a sus enemigos: el colectivismo, el altruismo y el misticismo. Rand traza en la novela un camino que recuerda dramáticamente a lo que ha ocurrido en el mundo en los últimos años. Una moraleja encerrada en sus páginas que parece decir: “Os lo dije”. Desde 1957.
El primer enemigo que señala el dedo de la autora es el código moral actual. Nuestro mundo no es más que el resultado, ideal, de nuestros valores. Hemos convertido las virtudes en vicio, negado la lógica de que A es A, y, en consecuencia, el resultado ha sido la ruina. Hemos creado un sistema en el que la masa puede pisotear al individuo, un sistema en el que es virtuoso sacrificar a otros por uno mismo y uno mismo para otros, un sistema que dice que todos somos iguales sin importar nuestro grado de honradez, capacidad, inteligencia o esfuerzo. Hemos creado un mundo en el que la moral imperante está basada en principios falsos y no hay otra salida que derruirla para crear otra basada en valores nuevos. Estos valores son los que defiende el Objetivismo.
Aplicado al mundo real, de la novela podemos extraer ideas como la inviabilidad del Estado del Bienestar, el error del intervencionismo estatal en la economía y los organismos de regulación de la misma, la injusticia de las subidas de impuestos, la pérdida de calidad que suponen los sistemas públicos, el peligro de los sistemas educativos que premian a los malos estudiantes y frenan a los buenos, la bancarrota moral de los sistemas penales que castigan a víctimas y ofrecen facilidades a criminales, los fallos en la definición de los procesos socioeconómicos que configuran el mundo, y un largo etcétera que, si bien muchos criticarán, no podrán negar que son tema recurrente en las noticias desde hace años.
El cambio revolucionario que plantea no es fácil y son aún muchos millones los que, tras escuchar sus planteamientos, los atacan de manera furibunda, así como las obras que los contienen y la memoria de quien tuvo la osadía de plantearlos. De igual modo, son muchos los que, ante su mensaje, no pueden menos que abrazar esas páginas que ponen palabras al pensamiento de millones en todo el mundo. La polémica siempre acompañó a los postulados de la fundadora del Objetivismo, por lo que el mérito de Rand no fue solo avisar de que esto pasaría, sino tener el valor de hacerlo, enfrentándose y cuestionando principios morales que llevaban (llevan) vigentes miles de años.
Rand creyó ver esos problemas en el horizonte y trató de mostrarlo en sus obras. No es menos cierto que buena parte de la humanidad ha desoído su mensaje. Su nombre ha sido borrado en buena parte de la historia de la filosofía, y los ataques desde todos los frentes han tratado de minar la coherencia y la fuerza de su discurso, especialmente desde la izquierda (defensora a ultranza del control estatal y de los valores del colectivo sobre el individuo) y desde la derecha cristiana (para quienes el ateísmo de Rand, su defensa de los homosexuales, las drogas y la libertad de expresión resultan poco menos que diabólicas).
La filósofa que escogió racionalmente su nombre, nación y modo de vida, sostuvo que la razón humana es capaz de darnos un conocimiento verdadero, objetivo, del mundo que habitamos, y de que tenemos las herramientas para alcanzar la verdadera felicidad. Pero le volvimos la espalda. No así la historia, que cuanto más nos alejamos de ella, más rápido se encarga de demostrar sus teorías.
Tal y como ella proclamó, nuestra mente y nuestro conocimiento es la única herramienta que tenemos para vivir. Quizá es hora de que su voz sea escuchada de nuevo.
Los principios fundamentales del Objetivismo:
* La vida es el fundamento de todos los derechos del hombre.
* La razón es la herramienta de la que dispone el hombre para decidir cuáles son sus valores y los medios para alcanzarlos.
* El hombre tiene derecho a vivir para sí mismo, sin sacrificarse por los demás ni sacrificando a los demás por él.
* Nadie tiene derecho a usar la fuerza contra otro ser humano, pero es moral usarla en legítima defensa.
* La realidad existe de un modo totalmente objetivo. Los hechos son los que son, más allá de los temores, deseos y sentimientos del hombre. ■ Jaime Fernández-Blanco
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